En cuanto al origen geográfico, los lingüistas del siglo XX coincidieron en que la familia lingüística uto-azteca se originó en el suroeste de los Estados Unidos. La evidencia de la arqueología y la etnohistoria respalda una difusión hacia el sur a través de la tesis del continente americano, específicamente que los hablantes de las primeras lenguas nahuas migraron de Aridoamérica al centro de México en varias oleadas. Pero recientemente, la evaluación tradicional ha sido cuestionada por Jane H. Hill, quien propone en cambio que la familia de lengua uto-azteca se originó en el centro de México y se extendió hacia el norte en una fecha muy temprana. Esta hipótesis y los análisis de datos sobre los que descansa han recibido serias críticas. La migración propuesta de hablantes de la lengua proto-nahuan a la región mesoamericana se ha colocado en algún momento alrededor de 500 dC, hacia el final del período Clásico temprano en la cronología mesoamericana. Antes de llegar a la meseta mexicana, los grupos prenahuas probablemente pasaron un período de tiempo en contacto con las lenguas Corachol Cora y Huichol del noroeste de México (que también son uto-aztecas). El principal centro político y cultural de Mesoamérica en el período Clásico Temprano fue Teotihuacan. La identidad de las lenguas habladas por los fundadores de Teotihuacan ha sido largamente debatida, siendo la relación de Nahuatl a Teotihuacan prominente en esa investigación. Mientras que en el siglo XIX y principios del XX se presumía que Teotihuacan había sido fundado por hablantes del náhuatl, las investigaciones lingüísticas y arqueológicas posteriores tendieron a desmentir este punto de vista. En cambio, se consideró que el momento de la afluencia nahuatl coincidía más estrechamente con la caída de Teotihuacan que con su ascenso, y otros candidatos como Totonacan se identificaron como más probables. Pero recientemente, la evidencia de la epigrafía maya de posibles préstamos náhuatl en idiomas mayas ha sido interpretada como una demostración de que otras lenguas mesoamericanas pueden haber tomado prestada palabras de Proto-Nahuan (o sus primeros descendientes) significativamente antes de lo que se pensaba, lo que refuerza la posibilidad de un Presencia náhuatl en Teotihuacan.